Conectando los puntos... y encontrarle un sentido a la vida. - Parte III - Universidad de Palermo


En la foto recibiendo un premio por mi trabajo realizado para el programa de Asistentes Académicos - Pedaogía del Diseño y la Comunicación, de la mano de Mariángeles Pusineri, una de las docentes del Programa.


En mi etapa como estudiante de la Universidad de Palermo tuve la oportunidad de asistir a la profesora Julieta Selem, en la materia "Introducción al Lenguaje Visual". Gracias a ella conocí el programa de Asistente Académico en donde retomé mi vocación como profesora. (Yo en Galicia, en el año 2009 estudié el CAP - Certificado de Aptitud Pedagógica para poder optar a Oposiciones de Profesorado). 

Fue una muy linda experiencia y destaco de ello la forma de enseñanza basada en un enfoque constructivista. Rescatando de ello el "aprendizaje significativo" de Ausubel, el trabajo el grupo, el aprendizaje en colaboración y en cooperación. 


Vigotsky, del cual estudié y profundicé cómo la cultura y la sociedad en la que se desarrolla el aprendizaje influye en nuestro conocimiento. También destaco su defensa ante un aprendizaje guiado.

De Piaget, destaco su teoría de que el aprendizaje de cada individuo se desarrolla a su propio ritmo. También que apuesta por la manipulación de los objetos que nos rodean, transformándolos, encontrandoles un sentido, utilizando la experimentación para poder desarrollar unas diferencias lógicas y desarrollar nuevas estructuras y esquemas mentales.

Para Piaget, el aprendizaje se da en la medida en que se transforman las estructuras cognitivas de las personas que aprenden. Introdujo los conceptos de asimilación y acomodación. Para conocer más acerca de esto les recomiendo ver un video breve y conciso:

Conociendo a Vigotsky, Piaget, Ausubel y Novak

Empecé a creer en una enseñanza basada en el desarrollo de capacidades, en lugar de enseñar cosas.
Eso mismo aplico desde entonces en mis clases, talleres y workshops. Descubrí que lo más importante que puedo enseñar es aprender a aprender. Poniendo en práctica un método creativo de transformación de aquello que nos rodea, asimilamos conceptos de la realidad, ponemos en práctica nuestras aptitudes y capacidades a través de la experimentación y le damos un nuevo significado acorde con la forma que tenemos cada uno de nosotros de entender el mundo que nos rodea. Se da aqui un aprendizaje significativo cuando podemos darle una significación valiosa al poner en relación lo que ya sabemos con lo que aprendemos nuevo.

Empecé a creer también que al poder explicar mis conocimientos, también aprendo. Me doy cuenta de que entedí de forma consciente todo lo que he ido aprendiendo. Eso también lo utilizo con mis alumnos, trato de darles el espacio para que se expresen y expliquen a su manera lo que han aprendido en mis clases y si ha resultado significativo.

Con todo esto, comprendí que ser profesora no consiste en transmitirles información. Hoy por hoy la puden encontrar en cualquier parte gracias a Internet y las nuevas tecnologías. Hay acceso libre a la información de todo el mundo y en un solo click. Lo que debía transmitirles son inquietudes y preguntas y que ellos busquen las respuestas.



Así fue cómo empecé a poner en práctica una educación artística al servicio de la curiosidad, característica propia de un niño.

Tras poner esta idea en práctica descubrí que el ser curiosos hace que nos entusiasmemos más por saber o conocer cosas nuevas. Nos dan ganas de aprender a hacer o de saber más. Esto pone en marcha nuestro sistema productivo-creativo.

Sentimos ganas, nos sentimos vigrizados, como a los niños, nos pone contentos, felices, con esperanza para que todo se vuelva posible.

De esta manera, el entusiasmo hace que vuelva a nosotros la ilusión, el vivir con alegría, alineándonos con nuestros dones.

A través del arte, podemos trabajar ese aspecto, es movilizador y puede ayudarnos a ver la vida con entusiasmo, alegría, puede devolvernos la ilusión. Esto lo vi en el taller con los chicos en Alarte y pude implementarlo en los grupos que asistía en la Universidad de Palermo, a los que había que ayudarles a escatar esa ilusión, ese entusiasmo por aprender algo nuevo, a no verlo como una obligación. O al menos así lo veía yo. El primer año de carrera es difícil porque sentimos que tnemos que dejar de ser chicos y pensar y hacer como adultos. Y además, de forma seia, porque en la facultad ya no somos niños y debemos cuidar el lenguaje.

En mi opinión, eso no les estaba ayudando para nada. Estaban autobloqueando su creatividad. Así es que empecé a diseñar actividades basadas en el juego*. Esto les ayudaría a volver a conectarse con lo que somos, con nuestras capacidades y nuestros dones. Y a volvernos más curiosos, reflexivos y a tener consciencia de lo que estamos aprendiendo.

Logré ver resultados de cómo implementar actividades que fomenten el aprendizaje significativo ayudan a prender a aprender.

También pude ver cómo cada uno tiene su propio tiempo y ritmo de aprendizaje. Y aprendí que no ay que forzarlo, que hay que dejarle que le llegue su momento de aprenderlo si es que hoy no estaba preparado para recibirlo o instalarse.

Y por supuesto puedo ver en las caras de los chicos y adultos cómo el recuperar esa ilusión les hace felices por haber descubierto lo que pueden sacar de sí mismos. Ahí descubrí cómo la ilusión nos guía para iniciar el camino hacia un lugar distinto, nuevo y poco visitado, haciéndonos más valientes, más soñadores, más imaginativos, a través de la puesta en práctica de nuestras aptitudes, nos volvemos or ende, más creativos.

Así es como mi experiencia en la Universidad de Palermo fue todo un descubrimiento para mi, cambié mis estructuras viejas de pensamiento para adaptarlas al lugar en el que estaba viviendo, a la nueva sociedad y a las nuevas formas de pensamiento que estaba descubriendo.

Volví a recuperar la ilusión dando clases. Era algo que daba sentido a mi vida y que de a poco estaba descubriendo (y creyendo) que podía lograrlo.


*Está comprobado que las personas con espíritu lúdico envejecen más lentamente y no ven menguadas sus facultades intelectuales. Al contrario, el estímulo constante de la curiosidad les permite afrontar nuevos retos y reinventarse constantemente.
Según ha demostrado John Byers, experto en conducta animal, podemos decir que “la actividad lúdica nos ayuda a esculpir nuestro cerebro. Cuando jugamos, podemos probar experiencias nuevas sin poner en riesgo nuestro bienestar físico o emocional. Estamos a salvo precisamente porque estamos jugando. (…) Al jugar, imaginamos y experimentamos situaciones totalmente distintas y aprendemos de ellas. Podemos crear unas posibilidades que antes no existían. Establecemos nuevas conexiones cognitivas en nuestra vida cotidiana, aprendemos valiosas lecciones y habilidades sin poner nuestra vida en peligro”.






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