Mi viaje Creativo - Buenos Aires - El gran cambio - parte 1 de 3

Mural de mosaico y reciclado de materiales en el barrio de Nuñez.
En medio de ese quilombo colorido, caótico pero organizado... estoy yo. 


Estoy acá para explorar una nueva cultura, pensaba que este lugar era mi destino, sin embargo, me di cuenta que mi destino en realidad es una nueva forma de ver las cosas. 

Vine a aqui para ver las cosas desde otra perspectiva, para abrir la mente y aprender a abrazar lo nuevo e inesperado, aquello que me hace crecer. 

Me costó entenderlo, pero poco a poco, y tras hacerle caso a todas las señales y mensajes que se pusieron en mi camino, hoy me encuentro abriendo los brazos a todo lo que (aparentemente) está oculto. 

El  miedo se apoderó de mi (y aún sigue haciendo de las suyas) en cuanto pisé tierras argentinas. La verdad, pensé que eso jamás me pasaría. Siempre fui muy valiente y con las ideas claras. 

En 2012, la crisis en España nos afectó a mi compañero y a mi. En realidad, fue el miedo lo que nos hizo renunciar a nuestros sueños. Él dejó su emprendimiento y yo el mío. En ese entonces tenía un hermoso taller de arte junto con mi socia y mejor amiga, Luján. Estábamos pensando ya en un futuro juntos, en comprarnos la casa que habíamos alquilado... y de pronto todo se convirtió en un montón de sueños rotos. 

La crisis pegó fuerte y el miedo era general, nos lo contagiamos unos a otros. ¿Miedo a qué? ¿A perder nuestras vidas? Un poco sí. Así que en lugar de enfrentarlo y arriesgarnos, hicimos lo que el miedo quería que hiciésemos: huir.

Y sí, huimos. Más lejos imposible. Se dio la oportunidad de vivir en otro país, en otra cultura. Y después de muchos llanots, miedos y dudas... optamos por el sí. Nos vamos.

Hicimos lo que más temíamos: dejarlo todo atrás, antes que perderlo. Y nos fuimos sin nada. Con dos maletes empecé una nueva vida, lejos de la que pensé que era única. De tener todo, pasé a tener nada. Sólo a mí misma, a mi cuerpo, a mi mente... y mis miedos, que no me soltaban. 

Y fui a caer en un lugar en donde todos hablaban mi mismo idioma. Sin embargo, no nos entendíamos bien del todo. Ahí descubrí una nueva forma de pensar, de expresarse, de ser y estar en el mundo. Fue como venir a vivir al hemisferio derecho del cerebro.

Entendí que su lógica es diferente a la que yo aprendí. Así que me inserté de a poco en el imaginario colectivo para poder comprender ese mundo nuevo para mí.   

Me hubiese gustado decir que tan pronto llegué, abracé esa nueva vida con tanta fuerza que la disfruté a tope... pero no fue así. Mi primera impresión fue muy mala. Sentí que había retrocedido años atrás en el tiempo, que no había un avance en esa toma de decisión.

Y con esa impresión me quedé durante bastante tiempo, así que poco a poco me iba desintoxicando con ese pensamiento, que no paraba de crecer y crecer. 

En el año 2013 conocí a los que me dieron trabajo y me ayudaron a montar mi primer taller, por el cual pasaron personas hermosas que me enseñaron a vivir acá en la Argentina, así como también a creer en mi. 

Con cada uno de los aprendizajes que recibieron por mi parte, yo recibí el doble. Me vi reflejada en cada una de ellos.

Eso era lo que había olvidado de guardar en la maleta: la fé en mi misma. El sentir que fue un "fracaso" mi taller en Galicia, me impedía avanzar. No me había perdonado el no haber luchado lo suficiente por mi sueño, en el fonda sabía que iba a funcionar, lo estábamos haciendo muy bien, pero siento que no le di tiempo para crecer y desarrollarse. 

Así que me costó volver a sacar mi luz, perdí la confianza en mi misma, abandonándome al miedo y al desmerecimiento. Me odié mucho por eso. Y sentía que no merecía nada de lo que me estaba pasando.  

¿Qué pinto yo acá?


Eso me preguntaba una y otra vez. ¡Qué carajo hago acá! Ya no era yo sola la que me hacía esa pregunta, ajajja El 99,9% de la gente que iba conociendo, me preguntaba lo mismo.  ¿Respuesta? El amor me trajo. El amor hacia otra persona. Algo que es hermoso, pero me hubiese gustado responder que vine por mi misma, por querer vivir aventuras, por mejorar, desarrollarme y crecer en otro lugar, conocer otra cultura.... Así pensaba hasta hace un año. Me vine detrás de mi pareja. Por eso me sentía tan perdida. 

Hoy, doy gracias a la persona que me impulsó a venir, a mi compañero de vida, al que amo profundamente, que me ayudó a dar ese impulso vital, el que me transmite continuamente las ganas de vivir, de ser mejor, de estar mejor.


Ahi entendí que si decidí venir, fue por la necesidad de querer mejorar, fue por amor propio y no sólo por amor a él. Necesitaba un cambio... y saltar el charco supuso eso. Lo cambió todo.

Nos rompemos, para volver a recomponernos y seguir viéndonos como lo más bello del mundo.

(Continuará en el cap. 2 de 3).

¡Gracias por tu tiempo!  


Creative Commons License
Permissions beyond the scope of this license may be available at http://www.ericatfresco.blogspot.com.